lunes, 12 de septiembre de 2011

Menudeando (II)

Tócanos, esta vez, hacer el Menudeo de un genuino representante del arte lírico tardo-rococó italiano, autor indiscutible de florido belcanto, con el que consiguió páginas gloriosas. Se trata de Gioachino Antonio Rossini (1792/1868). Espero que podamos divertirnos con él, lo más posible.


1.- CUARENTA MAS…. “EL BARBERO”
Al Cisne de Pésaro, se le toma siempre, por una parte (Il Barbiere di Siviglia), frente a un todo mucho mayor, que generalmente se desconoce. Quiero decir que, tiene una obra famosísima, por la que es célebre universalmente, esto ya es sabido. Pero, muy pocos, advierten que esta ópera no es única. Hay una abundante producción de música (óperas, piezas religiosas y profanas, partituras para instrumentos solos, canciones,……), de las que, la inmensa mayoría, no ha oído hablar. Fue un compositor muy prolífico, ya que escribió, ¡nada menos que cuarenta y una óperas!, entre Cómicas (Bufas), Semi-Serias, Serias y Pastiches.

“L’italiana in Algeri (La italiana en Argel)” y “La Cenerentola (La Cenicienta)”, además del “Barbero”, serían ejemplos Bufos (Cómicos). Como Serias, podrían destacar “Tancredi”, “Otello” y “Semiramide”. En el punto medio de lo Cómico y lo Dramático, estaría la Semi-Seria, cuyo representante más típico, es “La gazza ladra (La urraca ladrona)”. Y, finalmente, uno de sus pastiches, “Ivanhoé”.

Un Pasticcio, en italiano, o Pastiche, es una ópera normal, con su argumento, pero, en cuanto a su música, está constituida por fragmentos melódicos de varias óperas a los que se han puesto nuevos textos (no existe música original, escrita ex profeso, toda absolutamente es reutilizada). Por ejemplo, para elaborar “Ivanhoé”, se tomaron fragmentos musicales de once óperas rossinianas (1.-Semiramide, 2.- Cenerentola, 3.- La gazza ladra, 4.- Tancredi, 5.- Armida, 6.-Bianca e Faliero, 7.- Maometto secondo, 8.- Aureliano in Palmira, 9.- Sigismondo, 10.- Torvaldo e Dorliska  y 11.- Mosè in Egitto….).

2.- TRAYECTORIA
Rossini, fue un hombre, a caballo, entre los siglos XVIII y XIX, es decir, entre el modernismo y la tradición. Esos aspectos se reflejan en su música y también en sus actos. Como dato de su carácter, diremos que nunca utilizó el ferrocarril, pues le tenía prevención. En cuanto a su música, frente a óperas conservadoras de belcanto (con coloratura, ornamentación y brillantez orquestal), hay otras en las que se distingue, ya, la nueva tendencia romántica (“La donna del lago” y “Guillermo Tell”). Especialmente está última, señala la senda por donde iba a caminar la ópera del romanticismo. Sin embargo, no sigue componiendo. Aborrece del camino creado, y prefiere retirarse para dejar paso a las genuinas figuras de Bellini, Donizetti, y todo el movimiento romántico.

Las fechas que hay que manejar con este compositor, resultan siempre muy tempranas. A los dieciocho años, debutó con una farsa que se escenificó en Venecia, en el Teatro San Moisè: “La cambiale di matrimonio (La letra de cambio matrimonial)”. Con sólo veintiuno, y a través de “Tandredi” y “L’italiana in Algeri” (ambas estrenadas en Venecia), logró ser el compositor más famoso de Italia, al que más se solicitaba y el que mejores honorarios cobraba.

Pero esta carrera meteórica, se terminó, también, muy pronto: a la modestísima edad de treinta y siete años. Fue un retiro voluntario del que no conocemos las causas. Se intuye, sin ser seguro, que la principal razón consistió en el rechazo moral que tenía hacia la nueva estética del romanticismo, que se avecinaba ya, de un modo imparable.

3.- LOS AUTO-PRÉSTAMOS
Incluso los que no conocen la obra de Rossini, saben que tenía fama de perezoso. Desde luego, no lo demostró en las abundantes composiciones que creó. Hay, de todos modos, una costumbre que podría, sólo en parte, esgrimirse como apoyo a su supuesta gandulería: los auto-préstamos.

Relación de Auto-préstamos
¿Qué es eso?, os preguntareis. Pues, cuando un compositor, incluye en una ópera que está creando, música de otra ya estrenada. El caso, aunque con puntos de unión, es distinto al del pasticcio. En este último, no hay música nueva, toda es reutilizada. En el auto-préstamo, sólo una parte es antigua, siendo, las demás, de nueva creación. Los motivos para practicarlo son varios:

1.   Querer recuperar melodías que, en su día, no prosperaron.
2.   Aprovechar el tirón de alguna música que resultó un éxito, cambiando, sólo un poco, el material melódico.
3.   Disponer de escaso tiempo para componer.
4.   Volver a intentarlo con óperas que no tuvieron éxito.
5.   Poca o ninguna gana en el trabajo que se está realizando.

Podemos considerar a Rossini como uno de los que más aplicaron esta práctica, pero no fue el único. En su descargo, decir que era costumbre, bastante arraigada en la época, y que, hasta compositores como Händel, Bach o el mismo Verdi, la ejercieron. Como ejemplo fragante de auto-préstamo, siempre se suele poner a la Obertura de “Il Barbiere di Siviglia”. Antes de ser la de esa ópera, lo fue de “Aureliano in Palmira” y también de “Elisabetta, Regina d’Inghilterra”.


4.- POPULARIDAD
No siempre la música de Rossini ha sido recibida por igual. Es obvio que en nuestro tiempo existe una demanda de este compositor. Lo demuestra, los numerosos cantantes que han surgido, especializados en su música. Otro índice de que, hoy funcionan sus óperas, son las considerables grabaciones que han efectuado las distintas casas discográficas.

También, durante los dos primeros tercios del siglo XIX, estuvieron representándose sus obras con regularidad. Pero la llegada de la nueva estética romántica, la escuela verista y la música de Wagner, condenaron al ostracismo el belcanto, en general, y a Rossini en particular.

Fue aproximadamente desde 1870 a  1970. Unos cien años en que, los teatros, estuvieron huérfanos de obras rossinianas. No estaban de moda. Si, por excepción se reponía alguna, ésta era,  siempre, “Il Barbiere di Siviglia”.  Pero no se respetaba su estilismo y se atrevían a introducir muchas inconveniencias en la partitura. Así las cosas, en el primer tercio del siglo XX, la mezzosoprano barcelonesa, Conchita Supervia, en el Liceo de su ciudad natal, consiguió representar “L’italiana in Algeri”, pero la crítica, no fue favorable a la obra.

Teatrp Rossini de Pesaro
Hubo que esperar hasta 1940, año de creación de la Fundación Rossini de Pésaro, para que fueran revisadas sus obras. Doce años después, María Callas consiguió la recuperación de “Armida” y dos directores, Vittorio Gui y Silvio Varviso, lograron grabar en disco, varias de sus óperas. Hay que citar también a dos cantantes estrella: Monserrat Caballé y Joan Sutherland. La segunda colaboró en este reverdecer de las obras del Maestro, con unas representaciones de la “Semiramide”, en los años sesenta del siglo XX. Mientras que la Caballé, publicó en disco su concierto de “Rarezas rossinianas”, en el año 1967.


5.- LA ROSSINI RENAISSANCE
Hemos visto como se iban recuperando, muy poco a poco, las partituras de Rossini. El pistoletazo final, lo dio el Teatro alla Scala de Milán, en 1969, escenificando “L’assedio di Corinto”, protagonizado por unas poderosas Beverly Sills y Marilyn Horne. En la década siguiente, se consiguió restaurar en estilo, las óperas del Cisne de Pésaro, gracias a la labor ejercida por la Fundación Rossini.

Era evidente que empezaban a levantar interés entre los diferentes cantantes, las partituras recién revisadas. Hubo un numeroso grupo de ellos, que consiguió grabarlas y representarlas. El renacimiento pleno, se dio con la creación del Festival Rossini de Pésaro, en 1980. Nació con vocación de extender el turismo en la región e ir recuperando, año tras año, las óperas más olvidadas de uno de sus compatriotas más ilustres. Ya llevan, desde entonces, unos cuantos festivales y otras tantas óperas recuperadas que, seguramente, sin estas funciones, su rescate hubiera sido más complicado.


6.- ESTRENO SONADO

Creo que, los debuts más polémicos habidos en la historia de la ópera, han sido, el de “Tannhäuser”, en Paris y el de “Il Barbiere di Siviglia”, en Roma. Ya hemos hablado en mi blog de la pelea surgida con la obra de Wagner, así que, nos toca completar la faena, con la famosísima ópera de Rossini.

Los personajes
En 1815, Rossini firmó un contrato con el Teatro San Carlo de Nápoles, por el que estaba obligado a componer dos óperas al año. Si cumplida esa condición, el compositor aún tenía tiempo para atender otras peticiones en los dos meses y medio de descanso que le concedían, lo podía hacer, pues en el documento sólo se estipulaba que habría de estrenar, en esos casos, siempre, fuera de la ciudad napolitana. Rossini, para incrementar sus ingresos, se dirigió a Roma en la segunda quincena de diciembre del citado 1815, para atender un encargo que le había hecho el duque Francesco Cesarini-Sforza, empresario del Teatro di Torre Argentina, de la ciudad papal.

La primera Rosina
Al existir muy poco tiempo para crear la ópera (parece que tan sólo mes y medio), en una de las primeras reuniones entre, el músico, el empresario y el libretista (Cesare Sterbini), se acordó tomar un tema ya tratado en música, para así salvar la censura. Esto era una práctica muy corriente en aquellos tiempos. Se decidieron por Il Barbiere di Siviglia, que ya había musicalizado Giovanni Paisiello (1740/1819). Rápidamente, músico y poeta, se pusieron a trabajar. Para no herir los sentimientos del viejo compositor, que aún vivía en Nápoles, se decidió cambiar el título de la ópera por “Almaviva, ossia l’inutil precauzione (Almaviva o la precaución inútil)”, pero todo el mundo sabía que Rossini estaba intentando mejorar la obra de Paisiello, que aún conseguía muy buenos resultados en el escenario.

Teatro Argentina
El aristócrata regidor del teatro (duque Francesco Cesarini-Sforza), se embarcó en la aventura de las candilejas, buscando  entretenimiento, pero la situación financiera del coso operístico, le estaba desbordando. En este año, todo le salía mal: los cantantes enfermaban, había sustituciones en el último momento, los escenógrafos le daban problemas, también los músicos e, incluso, su rival (el empresario del teatro Valle). El pobre duque no sabía cómo sacar adelante aquello. La temporada, acababa obligatoriamente el último día del Carnaval. Faltaban dos semanas y aunque habían trabajado rápido, “Il Barbiere”, iba retrasado: los ensayos no eran suficientes para hacerse con la obra y se corría la posibilidad de un rotundo fracaso.

Don Basilio
Para colmo de males, la que iba a hacer de Rosina, Elisabetta Gafforini, estuvo dudando del papel hasta última hora, para, finalmente, abandonar. Se la sustituyó, en el último momento, con Geltrude Righetti-Giorgi. Todos estos sucedidos, desesperaban al empresario, que se lamentaba así en una carta: “Yo llevo una vida como para sacar sangre por la boca, y una vida tal que no la quiero volver a llevar en mi vida. Su Excelencia entenderá lo que quiere decir poner en pie una obra musical de dos actos en ocho días. Son cosas que no se comprenden si no se está metido dentro, y que en la primera función no las calculan los indiscretos de los que Roma está llena. Yo les he puesto el cuchillo en la garganta a todos para que la obra vaya a escena el miércoles [….] Lo que es seguro es que el tener que hacer las cosas de este modo, ensayos, escenas, decorados y todo a golpes de tambor, es algo que no me gusta nada. Y el resultado será poner la obra de modo indigesto, con los actores sin aliento, y si la ópera funciona, o se queda a medio camino o se hunde, entonces, todos gritan contra mí. Ayer por la noche, después de haberme fatigado todo el día, me estuve desde la una de la noche, hasta las cinco para ensayar la ópera, y estar sobre un escenario, con este tipo de frio, parece como si estuviésemos en la cima del Moncenisio, de modo que Rossini, la “prima donna”, el tenor y todo el mundo, no hacíamos más que temblar, y yo he vuelto a casa congelado, que he necesitado más de una hora para calentarme.”

Los personajes
La desesperación del pobre empresario, tuvo como resultado que,  a consecuencia de un colapso, falleciera el 16 de febrero, con cuarenta y cuatro años. El teatro quedó en manos de un sustituto, que se encargó de acabar la temporada del mejor modo posible. Por fin, el 20 de febrero de 1816, debutó “Il barbiere di Siviglia”. La función resultó un fiasco. Aunque no está verificado, pudo ser una claque de los seguidores de Paisiello. Aunque también podía haberse estropeado el estreno, por una serie de elementos que se confabularon en contra. Sin olvidar, la envidia a que daba lugar el joven compositor, moderno famoso y, para algunos, demasiado atrevido.

Stendhal
Cuando se produjo el estreno de “El Barbero”, Stendhal, el prestigioso novelista francés, publicó, en prensa, una reseña, exagerando lo ocurrido, como era su habitual costumbre. Es, sin embargo, la versión que más ha prevalecido, por lo morboso del asunto. Pero la cantante, Geltrude Giorgi-Righetti, que fue la primera Rosina aquella noche, al leerlo, se enfadó tanto, que ella misma se encargó de hacer otro escrito. Todo el mundo considera que, la descripción del estreno de la Giorgi-Righetti, es más realista y, por tanto, debe aproximarse más a la verdad. Es ésta, precisamente, la que he pillado por la red, pero no está completa, aunque merece la pena leerla y por eso la pongo:

Caricatura
"Al llegar la hora de comenzar la función de estreno en aquella noche del 20 de febrero de 1816, apareció Rossini vestido con su elegante chaqueta color avellana con botones dorados, se sentó al piano y levantando la mano dio paso a los primeros compases de la ópera. La cosa comenzó cuando el gran tenor Manuel García, en su papel de Conde Almaviva, se quiso acompañar con la guitarra para cantar la famosa serenata. Como quiera que se demoró algo en afinarla, se produjeron las primeras burlas en voz alta; le siguieron risas y comentarios de los graciosos de turno, cuando Fígaro cantó la, después famosa, cavatina; el dúo de Rosina y Fígaro fue “reventado”; numerosas e insistentes imitaciones de maullidos, acompañaron el magnífico y largo dúo entre Fígaro y el Conde.

La cosa llegó a tal extremo, que en la escena final del acto primero, el griterío,  fue tan ensordecedor, que no se podía escuchar a la orquesta ni a los cantantes. Cuando don Basilio, hecha a rodar toda su dignidad, al caer por una trampa, desapareciendo de escena, pueden imaginarse el jolgorio que provocó. Y  aumentó de intensidad, cuando por el mismo agujero, salió un gato negro que cruzó la escena".

Escena
La descripción que hace la cantante, tiene toda la apariencia del clásico pateo a cargo de una minoría violenta y es tan antigua como el teatro. A los espectadores que cobraban por aplaudir o reventar una obra (a voluntad del que pagaba), se les llamaba Clac o Claque. Estamos pues, ante alguien que pagó para hacer fracasar la obra. Sí, pero ¿Quién? Pues probablemente el que compuso el otro “Barbero”,  (Giovanni Paisiello). Puede que hubiera otras circunstancias, ya comentadas, pero son menos probables.

Stendhal, siempre tan sensacionalista con Rossini, habla de cosas que la mezzosoprano Righetti-Giorgi, nunca llegó a confirmar en su escrito, como por ejemplo:

1.   La ruptura de una cuerda de la guitarra del tenor, Manuel del P. Vicente García, sevillano, que debía cantar una serenata de tema andaluz, que él mismo compuesto. La Righetti-Giorgi, solo habla de que tardó en afinar la guitarra.

2.   El bajo Zenobio Vitarelli, tropezó accidentalmente por detrás del escenario y fue a dar, de bruces, contra el suelo, por lo que tuvo que cantar su Aria de “La Calumnia” con la nariz sangrando y un pañuelo para contener la hemorragia. La Mezzosoprano sólo habla de un tropezón y no cita ni la hemorragia ni el pañuelo.

Las risas que provocó la afinación de la guitarra (o la rotura de la cuerda), no dejaron apreciar la serenata. Cuando Rosina aparece, por primera vez, en la ventana, le dice al tenor: “Sigue, sigue así”, referido a la canción. Pero esto provocó una nueva hilaridad. El público, acostumbrado a que se cantara lo que se llama “Aria de salida”, no comprendió porqué Rosina no la cantó. Un gato negro cruzó el escenario (los italianos son supersticiosos). En el concertante final del primer acto, cuando dicen “Quest’avventura, quest’avventura, ah como mai finirà (Esta aventura, esta aventura, ah como diablos terminará)”. Justo en ese momento, un gracioso del anfiteatro, dijo: “Esto es el funeral de don Coglione (las iniciales del Duque Cesarini)”.

Figaro
El público se sumó al escándalo, sin atender a la ópera. Como dice la mezzosoprano, el segundo acto, debió de transcurrir en una oleada de silbidos, gritos, bromas y risotadas. Rossini, inmutable, esperó a que viniera la calma. Luego se fue una vez finalizado todo. La mezzosoprano y algunos amigos, le buscaron para intentar consolarlo. No hizo falta: le hallaron profundamente dormido. Pareció que el fracaso no iba con él. Al día siguiente, Rossini fue al teatro, rompió la obertura de “temas españoles”, que había compuesto el tenor García, así como la serenata, sustituyendo la primera por la Obertura de “Aureliano in Palmira” y creando una nueva serenata. Solicitó no acudir al teatro ese segundo día, en previsión de lo que pudiera pasar.

La función del día siguiente, transcurrió con normalidad y la obra fue aplaudida generosamente. Al terminar, se formó una procesión, con antorchas encendidas, que fue a buscar al maestro a su casa. Pero Rossini, creyendo que iban a quejarse de la ópera, se buscó un escondite. Les resultó difícil hacerle comprender que estaban celebrando su éxito. Así fue como pasó “Il Barbiere di Siviglia”, del más escandaloso fiasco al triunfo más lisonjero. Desde entonces, esta ópera, no ha parado de cosechar prestigio.


7.- ¿POR QUÉ?         
Gioachino Rossini, forma parte del quinteto de compositores, más famoso de Italia, en el siglo XIX (los otros cuatro son Bellini, Donizetti, Verdi y Puccini). Probablemente, estos cinco, sean también, los más representativos del género de ópera a la italiana. De todos ellos, Rossini es el mayor en edad, y el primero que hizo evolucionar el género, dejando marcado el camino a seguir por los demás. Tuvo mucho éxito en vida tanto de público como de críticos, lo que le supuso fama, popularidad y riqueza. Con apenas dieciocho años, estrenó su primera obra. La notoriedad le llegó muy pronto: a los veintiuno. Se debió a dos óperas emblemáticas (Tancredi y L’italiana in Algeri). Esto confirmó, que estábamos ante el compositor más importante de la península itálica, el más buscado, el más idolatrado y el más remunerado.
Guillermo Tell y su hijo

Pero el temprano éxito, exigió de él un gran esfuerzo para atender todas las peticiones de los empresarios. Como los compositores de la época, tuvo una existencia errante, de teatro en teatro, para completar y revisar las representaciones de sus óperas. A la temprana edad de treinta y siete años, después de estrenar su obra número cuarenta (Guillermo Tell), decidió no componer más óperas, tras casi veinte años de actividad febril. En los treinta y nueve años que restan, cesó su actividad en los teatros. Pero eso no quiere decir que abandonara la composición. No fueron pocas las piezas musicales que creó, en bastantes casos, para su propio deleite (se calculan unas ciento cincuenta).

Pero de cualquier modo, no se conocen bien las causas que le motivaron a quedarse en silencio compositivo tan largo tiempo. Hay múltiples interpretaciones sobre el asunto. Vamos a ir considerando algunos supuestos, los cuales, como siempre, resumo a continuación:

1.   Hartazgo de su vida artística
2.   Desengaño por el estreno de “Guillermo Tell”
3.   Rechazo a las nuevas tendencias románticas
4.   La competencia de Bellini y Donizetti
5.   Problemas de salud
6.   Ruptura de relaciones con su mujer
7.   Cambio estético en el público
8.   Pereza

En cualquier caso, había acumulado una fortuna, suficiente para poderse dedicar a la vida placentera y la comida. Pero creo que la hipótesis más razonable es la de pensar que rechazaba con vehemencia las nuevas ideas estéticas del romanticismo. El nuevo pensamiento, se iba imponiendo con fuerza, provocando una renovación, en el gusto de la gente. Y, sin embargo, Rossini, fue uno de sus precursores. Sencillamente pienso que, el camino emprendido con “Guillermo Tell”, después de empezado, no acabó de gustarle. Ya anciano, manifestó: "Después de Guillermo Tell, un éxito más en mi carrera no añadiría nada a mi renombre; en cambio, un fracaso podría afectarlo. Ni tengo necesidad de más fama, ni deseo de exponerme a perderla".


8.- Nuevo Método
Este gran italiano, además de ser recordado por su música, su arte culinario y su campanuda gracia, parece que inventó un nuevo método para el piano. Así se deduce de este liviano chascarrillo, que nos sirve para empezar.

Rossini, sentado al piano, intentaba tocar la partitura de “Tannhäuser” ante los amigos. Uno de ellos advirtió que había puesto la partitura al revés y le preguntó:

Ω    ¿La pones al revés?
Ω    Sí, lo pruebo así. Antes, la he tocado al derecho, y me ha parecido peor.

PD: Dentro de la música italiana del XIX, Richard Wagner, no tuvo predicamento hasta la llegada del verismo (último tercio de dicho siglo). Por tanto, al menos, Rossini y Verdi, no eran adictos a esa música. Valga una opinión del cisne de Pésaro, sobre “Tannhäuser”: “Esta obra, se debería escuchar más a menudo para poder juzgarla mejor, pero yo no la voy a oír por segunda vez”.


9.- Infundio
Rossini ganó un pavo trufado. Era el precio que tenía que pagar el perdedor, por una apuesta, de la que salió vencedor. El compositor, harto de que le diera largas, el que tenía que financiarle el exquisito bocado, se decidió a ir a verlo y reclamárselo.

Ω    Oye, ese famoso pavo, ¿cuándo se come?
Ω    Sabe, Maestro, no es todavía la estación de las trufas de primera calidad.
Ω    Que no, que no. Eso es una falsa noticia, que difunden los pavos, para no hacerse rellenar.

PD: Esta afición por la gastronomía debe ser característica del hombre italiano. Este caso, es muy conocido. Pero hay otro, que en pocos sitios se comenta. Me estoy refiriendo a Giuseppe Verdi y sus, más que pinitos, en la cocina.


10.- Concentrado de viña
En 1864, el Barón Rothschild le regaló a Rossini, unos racimos de las maravillosas uvas de sus invernaderos. Recibió la siguiente respuesta de agradecimiento:

Ω    Gracias. Su uva es excelente, pero no me gusta mucho el vino en pastillas.

El Barón, entendió la alusión. Le hizo tanta gracia este divertido comentario, que le envió enseguida un tonelete de su mejor Chateau-Lafitte.

PD: Rossini, en París, llevaba una activa vida social y gastronómica. Vivía con desahogo, gracias a los derechos de autor y los ahorros que supo administrar,  asesorado por Alejandro María Aguado, banquero español. Entre sus amistades, se encontraba el hombre más rico de la época, el Barón Rothschild, famoso por sus viñedos y bodegas de excelente calidad. James Mayer de Rothschild (1792/1868), fue un banquero, fundador de la rama parisina de la familia. Château Lafite, es una viña, ubicada en Burdeos, propiedad de esa saga. El nombre, de origen gascón, significa "pequeña colina".


11.- Sardinas en exclusiva
El compositor Alberto Lavignac, conocía perfectamente los vicios de Rossini. Le regalaba, de vez en cuando, una docena de las deliciosas sardinas que se pescan en el Golfo de Gascuña. Hasta que un día, le dijo el Maestro:

Ω    Por favor, no me mande estas cosas el sábado: hay siempre mucha gente a la mesa. Yo, cuando recibo las sardinas, quisiera comerlas sólo. Pero como soy tan buen marido, tengo que regalar una a Olimpia, mi esposa.

PD: Alberto Lavignac (1846/1916), pedagogo y musicólogo francés, autor de numerosas obras de didáctica musical. En 1902, inició la publicación de, “La Enciclopedia de la música” y el “Diccionario del conservatorio”, concluidos bajo la dirección de Lionel de La Laurencie, fundador de la Sociedad Francesa de Musicología.


12.- Genio y Figura
Tengo una muestra evidente de lo mucho que se han mixtificado, cambiado, o inventado, los sucedidos rossinianos. Es una misma anécdota, con dos versiones, bien distintas.

Versión nº. 1: Un día de invierno, Rossini estaba en Venecia, componiendo el "duetto" de la ópera "Il Signor Bruschino". Se encontraba en la cama, porque hacía mucho frío. No tenía ánimos para levantarse a encender la chimenea. De pronto se le cayó una hoja escrita. No se molestó en recogerla: escribió otra. Al entrar alguien en la habitación, pidió que se la recogiera y, de este modo, la recuperó. El contenido musical lo incluyó, luego, en otra parte de la misma ópera.

Versión nº. 2: El Maestro escribía, a menudo, en la cama. Un día que estaba componiendo acostado, recibió la visita de un empresario. En el suelo había unas hojas de música. El empresario, muy amable, se agachó y las cogió. Antes de hacer intención de entregárselas, por curiosidad, les hecho una ojeada. Era la partitura de un aria completa de factura excelente. Cuando le iba a dar las páginas, Rossini dijo que no le hacían falta. Por no agacharse a cogerlas, prefirió escribir otra pieza, que él creía que todavía era mejor.

PD: Es mucha la fama de vago de Rossini, no se sabe bien si por leyenda o realidad. Desde luego, su producción musical es considerable, de modo que por ese camino, no se justifica su gandulería. Parece que sufría un trastorno nervioso, cuyo principal síntoma era el cansancio. El simple hecho de agarrar un lápiz, era todo un suplicio para él. Si esto fuera cierto, se justificaría un poco su actitud.


13.- Recetas universales
Rossini era una persona de buen carácter y de muy buen comer. Le encantaba el arte culinario. Le causaba placer cocinar e inventar platos, con los que agasajaba a sus amistades. Fue uno de los gastrónomos, más reputados de su tiempo. Los “canelones Rossini” y el “tournedó Rossini (tapa de champiñones con salsa al jerez sobre pan de molde)”, fueron platos de su invención.

PD: Como ya se ha dicho, Rossini, además de tener muy buen gusto en su paladar, también era un excelente cocinero. Apuntan que le gustaban mucho los macarrones. Parece ser que perdía el sentido, por el paté de pollo con cangrejos a la mantequilla.


14.- Cinismo contra pereza
Gioachino Rossini, fue invitado, por un conde, a pasar unos días en su castillo. Era el día siguiente a la llegada. Sonaban las once de la mañana, y el aristócrata le esperaba para desayunar. En su habitación, el músico no daba señales de vida. Cansado de tanto esperar, el conde, llamó a la puerta y dijo:

Ω    Discúlpeme si le molesto. Pensé que quizás usted no sabía la hora que es.....
Ω    No, no me molesta. No crea que estaba durmiendo. Soñaba un poco. O, mejor dicho, meditaba. Tengo esta costumbre: a la mañana pienso y pongo en orden mis ideas. En una palabra, ¡trabajo!

Al día siguiente, se oyeron las doce campanadas del mediodía. De Rossini no se sabía nada. El conde, estaba ya muy mosca, por la explicación del día anterior. Volvió a la habitación del músico y le despertó con estas palabras:

Ω    ¡Pero, mi amigo! ¡Usted trabaja demasiado!<>

PD: Es notoria la facilidad de Rossini para componer. Tenía una capacidad asombrosa. Esto jugaba siempre a su favor. Por eso, no se preocupaba demasiado en cumplir los plazos. Si, en un momento dado, el empresario lo exigía, arrimaba el hombro y despachaba la ópera, en un tiempo increíble. Siempre tenía la opción de acudir al auto-préstamo. He encontrado que, lo que más le inspiraba, “era el stress del copista esperando, y los gritos del empresario arrancándose los cabellos”. No tengo referencia ni a favor ni en contra.


15.- Amor teutónico

           El parecer de Rossini sobre “Lohengrin”:
Ω    En su música hay momentos bellísimos, pero también malos cuartos de hora.
           También opinó de Wagner:
Richard Wagner
Ω    Desde luego, no dudo que es un genio, pero no comprendo a una nación, que a causa de Wagner, haya podido olvidar a un Mozart.

PD: Aun cuando se considera falsa, vamos a relatar una historia inventada, ya que se refiere al tema: “Un admirador de Wagner, preguntó a Rossini, qué pensaba de la obra del alemán. Como respuesta, el italiano lo invitó a comer. Le ofreció un platillo que llamó “‘Turbot à l’allemande”. Consistía en una salsa sin pescado. La falta del ingrediente principal, tenía la intención de sugerir que la música de Wagner carecía de la parte más vital: la melodía. Esta historia apócrifa molestó mucho a Rossini”.


16.- Secuestro
Volvemos a tener dos versiones de una misma anécdota, aunque, esta vez, no hay mucha discrepancia. La segunda, es un escrito del propio compositor.

Versión nº. 1: En 1816, el empresario Barbaja le contrató, por 15.000 francos, para que creara dos óperas al año. Rossini propuso “Otello”. El músico estuvo seis meses viviendo en casa del empresario, sin escribir una sola nota. Barbaja, harto de la situación, ordenó que encerraran al Cisne de Pésaro, con sólo un plato de macarrones hervidos y una jarra de agua.

La misma anécdota, escrita por el propio Rossini, en estos términos:
Versión nº. 2: “Compuse la Sinfonía de mi ópera "Otello" en una Buhardilla del Palacio Barbaja, donde el más feroz y más calvo de los empresarios, me había encerrado a la fuerza. No me suministraba otra cosa que, un plato de tallarines, con la amenaza de no dejarme salir de la habitación, hasta que no hubiese escrito hasta la última nota

PD: Esta y, la anécdota de Temistocles Solera con Giuseppe Verdi, son las dos más sonadas de la historia de la música, en cuanto a secuestros, claro está. Solera, tenía una gran corpulencia. Fue el libretista de “Nabucco”. Cómo le ocurría a Rossini, era muy despreocupado. Verdi le venía pidiendo que le hiciera un himno. Iba pasando el tiempo y no lo hacía. Verdi, que cuando se enfadaba era de temer, no le importó que Solera le doblaba en complexión. No le dejó salir hasta que hubo terminado los versos. Era el “Va pensiero”. Años después, Verdi confesó que temió por su integridad. 


17.- Sin Servir a la milicia
La ópera "La Piedra di Paragone" sirvió a Rossini para no cumplir el servicio militar.

           El Virrey no quiso:
Ω    asumir la responsabilidad de exponer a las balas enemigas, una existencia tan preciosa

PD: Durante la primera mitad del siglo XIX, la península itálica, no estaba constituida, todavía, en nación. Era un conglomerado de estados independientes, sobre los que ejercían su autoridad, entre otros, los austríacos, el Papa y los españoles. La milicia era forzosa de acuerdo al siguiente texto: "el servicio militar es obligatorio, para todos los varones físicamente convenientes". En tiempos de Rossini era costumbre que, a los destacados en alguna actividad artística, les libraran de esta carga. No creo sea el único caso. Pienso que Verdi, tampoco lo hizo. Y seguramente habrá más.


18.- ¡Capador!
Estando Rossini en un negocio de música, vio llegar al maestro Giacomo Panizza, excelente concertador de óperas, pero que tenía la manía de hacer en ellas grandes "cortes" por cualquier pretexto. El músico, que conocía esta afición, hizo,  ostentosamente, el acto de proteger sus partes pudendas, exclamando:

Ω    ¡Pongámonos en guardia!".

PD: Giacomo Panizza (1804-1860) fue director del Teatro alla Scala,  de Milán durante trece años, tiempo en el que compuso dos óperas y trece ballets.


19.- Falsa impresión 
Un amigo de Rossini, mostrándola un retrato de Meyerbeer, le hizo exclamar:

Giacono Meyerbeer
Ω    Éste no puede ser Meyerbeer
Ω    ¿Por qué?
Ω    Porque Meyerbeer trabaja siempre y aquí está con los brazos cruzados

PD: Giacomo Meyerbeer (1791/1864), compositor alemán afincado en Francia, fue muy influyente en el Paris de la época de Luis Felipe de Orleans y del Segundo Imperio. Su estilo operístico, hoy nos suena a hueco y pomposo. Sin embargo, influyó en el primer Wagner y también en Verdi.


20.- ¡Qué joven!
Un joven Rossini
Rossini nació el día 29 de febrero de 1792. Era un año bisiesto. En 1864, un cronista le preguntó:

Ω    ¿Cuántos años tiene?
Ω    Dieciocho, respondió.

PD: La respuesta se justifica por: 1864 (año en el que estaban), menos 1792 (año nacimiento de Rossini), hacen 72 años reales. Que divididos por 4 (año bisiesto), serán Dieciocho Años Bisiestos.


21.- ¿Entero o Capado?
Los personajes de el
Guillermo Tell
“Guillaume Tell”, última ópera de Rossini,  se estrenó en el Teatro de la Ópera de París el 3 de agosto de 1829. La obra tuvo un éxito de los llamados “de estima”. Poco tiempo después del debut, a causa de su extensión, el teatro comenzó a fragmentaria, provocando el desagrado de Rossini. En una ocasión, el Maestro se encontró con el director de la Ópera y éste le dijo:

Ω    Maestro, esta noche daremos el segundo acto de vuestro ‘Guillaume Tell’.
           A lo que Rossini respondió con su característico humor irónico:
Ω    ¿De veras? Pero, ¿se dará todo entero?

PD: La ópera “Guillermo Tell”, recorrió Europa, pero, casi siempre, amputada. Grandes músicos reconocieron su valor: Vincenzo Bellini, la consideraba su “Biblia Musical”. Es el camino por el que se llegó a la ópera del romanticismo.


22.- Empacho de risa
Año 1994, en los ensayos generales del teatro Cervantes de Málaga. Se trataba de un “Barbero”, con Carlos Álvarez, haciendo de Fígaro. Avisaron que el público asistente, debía de permanecer callado, ocurriese lo que ocurriese. Era el acto II con la lección de música. Tras cantar Bartolo una breve cancioncilla, se pone a bailarla con Rosina.

           En ese momento, entra Fígaro y, sin ser visto por Bartolo, hace el cambio con Rosina. Bartolo se enfada y dice:
Ω    ”Bravo signor Barbiere, ma bravo (Muy bien señor barbero, pero que muy bien)”
           A lo que Fígaro le responde:
Ω    "E, niente a fatto, scusi, son debolezze (Ah, no es nada, perdone, son debilidades)"

Al joven barítono, le entró un ataque de risa y se repitió la escena ¡una docena de veces! Risa que contagió a cantantes, músicos, director...A todos ¡Carlos decía que ya estaba bien, que se había calmado! Empezaban y ¡vuelta a reír!

PD: Carlos Álvarez Rodríguez (nacido en 1966), barítono malagueño que, además de escenarios internacionales, ha destacado en producciones en el Teatro Real de Madrid. Canta ópera, pero, también, zarzuela.


23.- Envenenador tranquilo
Después de la muerte de Mozart, se ha sugerido que Salieri lo asesinó, por razones profesionales, utilizando un veneno de acción lenta. Un día Rossini, se encontró con Salieri. Y le espetó, en son de broma macabra:

Ω    Beethoven ha tenido suerte, ya que su instinto de supervivencia, lo llevó a evitar cenar con usted. De otra forma pudo haberlo enviado al otro mundo, como hizo con Mozart".
           Salieri replicó, inmutable:
Ω    ¿Tengo yo aspecto de envenenador?

PD: Antonio Salieri (1750/1825), compositor que pasó, la mayor parte de su vida, en la Corte Imperial de Viena, donde fue Maestro de capilla. Músico de valía y dotado de talento. Salieri ha unido su nombre al de Mozart, atribuyéndole el envenenamiento del compositor de Salzburgo, sin pruebas evidentes de que lo hiciera. Es uno de los muchos casos sin resolver, que tiene la historia.


24.- ¡Cuidado con la alegría ajena!
Meyerbeer
Rossini y un amigo cantante paseando por París. Se encuentran con Meyerbeer. Tras un amistoso saludo, el autor de “Los Hugonotes”, pregunta:

Ω    ¿Qué tal se encuentra, maestro?".
           A lo que Rossini responde
Ω    Siendo sinceros me encuentro mal. Este mundo ya no me motiva y estoy pensando muy seriamente en abandonar mi carrera
           Meyerbeer, afligido, lo anima y se marcha con una sonrisa en la boca. Cuando éste se hubo alejado, el cantante le dice al compositor:
Ω    Pero bueno, no tenía ni idea de que te encontrabas tan mal. ¿Por qué no me lo has dicho?"
           A lo que Rossini responde:
Ω    ¡Qué va! ¡Si yo me encuentro perfectamente! Pero si no le hubiera dicho a Meyerbeer que iba a retirarme se hubiera ido con un enfado de narices".

PD: Meyerbeer, tuvo sus grandes éxitos en Francia. Antes de ubicarse en París, inició su carrera en su Alemania natal, pero no despertó interés. Pasó, entonces, a Italia, en 1816. Compuso seis óperas en estilo italiano. La última, llegó a ser, realmente famosa (Il crociato in Egitto- El cruzado en Egipto- 1824). Por el éxito de esta ópera, se le dio la oportunidad de estrenar en París.


25.- Socarronería
Una noche, al salir de un concierto al cual acababa de asistir el compositor, se acercó una señora.
            
Ω    Maestro –le dijo–, ¡finalmente puedo contemplar esta cara genial, que solo conocía por retratos! No se puede equivocar: Ud., tiene en el cráneo la joroba de la música.
Ω    –¿Y qué me dice de ésta, señora? –Contestó Rossini tocándose la barriga– Ud. no puede negar que sea aún más visible y desarrollada. Y es cierto que mi verdadera joroba es la gula.

PD: Rossini, a edad avanzada, fue un viejo picarón muy dado a los juegos verbales y otras cosas difíciles de contar. No obstante, sigue siendo, incluso entonces, un compositor sólido, cuya producción no se agota en el género bufo, aunque sea el apartado, donde luzcan mejor sus habilidades.


26.- Beethoven
En un famoso encuentro con Ludwig Van Beethoven, durante la visita de Rossini a Viena, en 1822, el genio de Bonn, al terminar la conversación, dijo a Rossini:

Ω    Sobre todo, componga usted muchos Barberos
           Refiriéndose, claro está, a la más afamada partitura del músico

PD: La opinión que a Rossini, le merecía Beethoven, queda muy bien reflejada en estas otras dos anécdotas, con las que se cierra el tema rossiniano. Ahí va la primera:

           En cierta ocasión le preguntaron a Gioachino Rossini:
Ω    ¿Quién es el más grande de los músicos?
Ω    Beethoven —respondió
Ω    ¿Y Mozart? —insistió quien preguntaba
Ω    ¿Mozart? —dijo Rossini— ¡Ah, Mozart es único!

La segunda es un pensamiento de Rossini sobre varios compositores:
Ω    Beethoven me conquistó dos veces por semana
Ω    Haydn cuatro,
Ω    Pero Mozart, lo hacía todos los días

lunes, 5 de septiembre de 2011

MORCILLAS EN LA ÓPERA

Vamos a hablar de morcillas. Las de Burgos o Arceniega (pueblito de Álava), están muy bien, pero no van a ser nuestro tema. Estas morcillas, sirven para comer y son buenísimas.  Tienen la base de arroz, mezclada con sangre, cebolla, manteca de cerdo y, a veces, algún tipo de especies, como canela o pimienta negra. Pero, no, esas no son, sobre las que quiero perorar. Me refiero a las “morcillas teatrales”, también llamadas, groseramente, como “mearse en el guión”.

Bien pensado, las gastronómicas, tienen, asimismo, que ver con el teatro. En otros tiempos, constituyeron un manjar idóneo para matar el hambre de algunos cómicos de provincias. Estos actores ambulantes, recorrían nuestra geografía, con escasos medios. Cuando llegaban a un villorrio, los únicos recursos de las gentes del lugar, para poderlos ofrecer a los forasteros, eran: los frutos de la matanza. Entre ellos se contaba, naturalmente, a la morcilla. Los Comediantes, debían de tener mucha moral para ir desplazándose por esos pueblos remotos de España, por cuatro perras. Generalmente, escenificando una obra de fuerte impacto emocional.

Representación Teatral
La representación teatral moderna, depende de muchos factores. Es necesario que todos juntos, se coordinen a la perfección, para que salga bien la función. En el escenario, sabemos que no hay marcha atrás: las equivocaciones no pueden corregirse. El estado físico y mental de los participantes, es decisivo. También es importante, lo que tienen alrededor (utilería, luces, movimiento escénico, etc.), que debe funcionar como un perfecto engranaje.

Pero incluso, aunque todo salga bien, no hay dos espectáculos iguales, pues los humanos no somos máquinas. Escenificando la misma obra, un día no es idéntico a otro. Pueden ser distintos matices e intencionalidades, algunas diferencias en la entonación, mínimas desigualdades en la inflexión y los tonos, un mejor estado vocal, y otras razones varias. Es lo que hace que una representación sea única y se distinga de otra, pudiendo, ambas, estar en un buen nivel artístico.

Los medios con los que cuenta el teatro para  fijar la atención del respetable, son la expresividad, la trama argumental y el texto que deben recitar los actores. Naturalmente, en el teatro cantado, se cambia el declamado por el cantábile. Pero, ya desde el teatro isabelino, los comediantes buscan, además, la complicidad del espectador. El recurso es, introducir frases improvisadas- creadas por ellos mismos- mezclándolas con el texto original.

Alguna agudeza, es suficiente para hacer reír o ganar tiempo. No tiene por qué ser trascendental. Con un pequeño matiz no ensayado, basta, a veces, para impactar al público. En estas manifestaciones espontáneas, lo más común es la introducción de algún acento regional, o la alteración de la situación que viven los actores.

Símbolos Teatro Griego
Este pequeño mundo que es el teatro, tiene una jerga característica. En ella se entiende por “Morcillas”, a lo ya  comentado: un modo de transmisión directa, entre actores y espectadores. Si bien una “morcilla” puede aportar algo a la acción, por lo general no es así. El factor determinante, es pues, la improvisación, de cualquier tipo, que cada participante en la obra, puede introducir en su parte del reparto.  Para entendernos, lo que no está escrito en el guión y se da en el escenario. Esta triquiñuela de las “morcillas”, tiene una poderosa fuerza para convocar a un público gélido, ausente y ensimismado.

Hay que decir que en el ámbito de la ópera, también se da este fenómeno, ya que no se limita, de ninguna manera, al teatro hablado. Aunque todas sean “morcillas”, yo distinguiría dos clases, que se diferencian por sus fines: 

A.   Las Voluntarias, metidas adrede, generalmente de carácter localista. Sirven para congraciarse con el público asistente. 

B.   Las Involuntarias, las no buscadas, que surgen por algún tropiezo, del que hay que salir como sea, en el propio momento de producirse. Es donde, verdaderamente, se demuestra el ingenio del que sabe hacerlo. 

Relaciono a continuación, unas cuantas de ellas, que se han recogido de las diversas producciones operísticas que hay por el mundo: 

Los "ligues" de Nemorino
después de tomar Elixir Mágico
1.   En “L’elisir d’amore”, cuando Dulcamara, vende su elixir “mágico” a Nemorino, debe decir, según el libreto y avisando al público, “es vino de Burdeos”, pero estando en el País Vasco, se convierte automáticamente, en “es vino de Rioja”. 

2.   En “La hija del Regimiento”, se celebra una fiesta en el segundo acto. El mayordomo, va anunciando a los asistentes, y debe decir: “La señora duquesa de Crakentorp”. Pero ese apellido tan raro, se convierte en valores locales de todos conocidos: “duquesa de Neguri”, “Conde de Algorta”, “Marqués de Bilbao”, etc. 

3.   El tenor alemán, Lauritz Melchior, haciendo “Lohengrin”, en el Metropolitan de Nueva York, 1937, al no disponer de espada (se olvidaron los de la utilería), remató a Telramund, con un gancho de izquierda. 

4.   En una producción en inglés, de “La Flauta Mágica”, del English National Opera, 1977. El Carro Volador, con los tres geniecillos, se quedó atorado en su descenso. El barítono Niall Murray, salvó la situación, con un chiste al público: “Nada de extraño que venga tarde. El carro viaja sobre las vías de los ferrocarriles británicos”. 

El Scarpia de Taddei
5.   Estamos, en el segundo acto de “Tosca”. Scarpia (Giuseppe Taddei), pregunta a Sciarrone: .. ¿Qué ha dicho el caballero?..., el esbirro, se equivoca y contesta...Todo (en vez de Nada)… A lo que Taddei, añadió ¿Estás seguro? y Sciarrone respondió: No (totalmente confundido). En vista del poco éxito que tuvo su ayuda, Taddei pidió al director musical: ¡Ahora maestro, repetimos! 

6.   Teatro del Liceo, durante una representación de “La Forza del destino”. Al arrojar Don Álvaro la pistola, el disparo, no sonó. Se quedaron todos cortados. Pedro Lavirgen, que era el protagonista, sacó un puñal y dijo algo así.... “y ahora con este cuchillo te mato”. Pudo, de este modo, continuar la representación. 

Lohengrin y el Cisne
7.   Leo Slezak, famoso tenor alemán, estaba haciendo  “Lohengrin”. En el Tercer Acto, viene a buscarle, el mismo cisne que le había traído. El animal mecánico, pasó de largo. No se detuvo ante el tenor, y no pudo abordarlo. En su rápida trayectoria, pronto desapareció del  escenario. Sin perder la calma, Slezak  se volvió hacia el público y preguntó: ¿Alguien sabe a qué hora pasa el próximo cisne? 

8.   Existe otro caso semejante al anterior, pero esta vez, el cisne no puede con la corpulencia del tenor y, éste, tiene que entrar andando. 

9.   El tenor guipuzcoano, Cristóbal Altube, encarnaba al moro de Venecia. En esa representación, como gustaba de gesticular en exceso, tras clavarse el puñal, y rodar por el suelo de forma dramática, no tuvo más remedio que cantar su final en el suelo y boca abajo. 

Otello
10.   Ocurrió en Italia. En esta ópera, el barítono estaba un poco resfriado y la voz no la tenía demasiado bien. El tenor había sido sustituido por otro bastante malo. El barítono, comenzó a cantar su aria. No fue bien la cosa. Al terminar, debía haber dado un Sol natural, pero calló. A continuación, abrió sus brazos y dijo: "y ahora debía haber dado un Sol así de grande". En la siguiente aparición fue silbado. Entonces comentó: “me silbáis, pues esperar al tenor". 

11.   No está claro a quien sucedió la anécdota. Pudo ser Monserrat Caballé o Pilar Lorengar. Otra vez estamos en “Tosca”. Ésta, acaba de matar a Scarpia. En esa ocasión, la soprano se despistó, y tras colocar los dos candelabros no le dio tiempo a ponerle a Scarpia el crucifijo en el pecho. Viendo que la orquesta atacaba el forte final, lo que hizo fue, desde la puerta de la estancia, arrojarle el crucifijo con desprecio.

Muerte de Scarpia
Las florituras que hacían los cantantes-  permitidas en las arias “Da Capo”- eran casi una improvisación, por lo que, también, voy a encuadrarlas como “morcillas”. Sirva, como ejemplo, la siguiente anécdota: 

1.   Sucedió que, una ambiciosa cantante, quiso demostrar su talento al maestro Rossini. Escogió “Una voce poco fa” de “Il Barbiere di Siviglia”. Al cantarla, introdujo gran número de adornos y pasajes, no incluidos en la partitura. Era normal en la época. Al acabar la interpretación, Rossini aplaudió y dijo a la dama: Bella voz, bravo, y gran aria... ¿me podría decir el nombre del compositor?

Farinelli
Y es que los Cantantes en la ópera, han sido siempre un caso aparte. En el siglo XVIII, la hegemonía, la tenían los Castrati. Los relatos de la época, hacen constantemente referencia, a distintas competiciones, de los más importantes Castrados, frente a varios instrumentos, siendo la trompeta, el más popular. Algunos evirados famosos, como Farinelli (1705/1782)- de nombre Carlo Broschi- hicieron una extraordinaria carrera internacional, con asombrosas compensaciones en dinero, más cerca de las estrellas de cine que de los cantantes de ópera actuales.

Domenico Scarlatti
Nos hablan las crónicas, de la posibilidad que tenían, de divertirse mucho con las señoras. Les ofrecían garantías- como sólo ellos podían dar- en una época en que los anticonceptivos, eran prácticamente inexistentes. El pobre Farinelli, sin embargo, tuvo que pagar bien caro, la admiración por su persona. Por veinticinco años, quedó retenido en la corte española. Su trabajo consistía en cantar para Felipe V, las mismas arias cada tarde. Después, el propio monarca,  trataba de imitarlo con lúgubres aullidos.

El gran músico Domenico Scarlatti (1685/1757), hubo de soportar una situación análoga. Como profesor de clave de la reina, María Bárbara de Braganza, se vio obligado, a componer más de seiscientas sonatas. Poquísimas las publicó en vida. Los manuscritos que llegaron a nosotros,  fueron debidos a Farinelli.

Carlos III
Otra anécdota famosa para acabar de hablar de aquellos tiempos. Se refiere a Carlos III de Nápoles y España, el llamado “mejor alcalde de Madrid”. Parece que le gustaba darse importancia. En las funciones de ópera del Teatro San Carlos de Nápoles, cuando acudía, tiraba rosquillas de crema desde el palco real a sus súbditos. Éstos debían apretar los dientes y soportarlo.

La prohibición de la eviración, introdujo un cambio en el reino de los cantantes. A partir del siglo XIX, quedaron destronados los Castrati y la corona pasó a manos de “le prime donne”. Su reinado fue uno de los más largos. Fueron admiradas en la escena y en los corazones del público.  La figura del varón, en ese periodo tan esencial para la ópera, tiene menos importancia. Esto no quiere decir que se le desestimara. Prueba evidente de que no, es el mítico  tenor Giovanni Battista Rubini (1794/1854), uno de los primeros en tener relevancia internacional.

Una prima donna
Conscientes de su importancia como artistas, estaban aferradas a muchos caprichos. Sabían que eran especiales y  únicas, en su género. Esto dio lugar a que se tomaran muy en serio ese protagonismo. Eran, además, las que atraían al público. Esto les motivaba para extraños antojos. La situación duró hasta bien entrado el siglo XX. Los divos de hoy en día, no tienen, en este sentido, nada que ver con aquellos. No llegan, ni con mucho, a las extravagancias de algunos en el pasado. Ahí van algunos ejemplos: 

   A.  Durante los ensayos de la ópera de Händel “Ottone”, la soprano Francesca Cuzzoni (1700/1770), por un capricho,  se negó a cantar su primera aria del papel de Teofane. El compositor la tomó por la cintura, la llevó hasta la ventana y la amenazó con arrojarla si no cantaba.           

Cuzzoni y Bordoni
   B.        A Händel se le ocurrió juntar a Francesca Cuzzoni con Faustina Bordoni (1697/1771), en una misma representación. El público estaba dividido: los partidarios de una abucheaban a los otros y viceversa. Un día, al final de la representación, animadas por sus respectivos seguidores, se empezaron a insultar. Se agarraron literalmente de los pelos, y acabaron rodando por el suelo. La Princesa de Gales, que asistía a la función, les recriminó su actitud. 

Adelina Patti
   C.        Adelina Patti (1843/1919) era célebre por sabotear a sus rivales en escena. Un día, se quedó mirando como actuaba otra soprano: Puso una expresión de horror en su cara. La que cantaba, susurró “¿Qué pasa?” y la Patti dijo, en otro susurro: “¡¡Se te ha caído la pestaña postiza del ojo izquierdo!!”. Rápidamente, se arrancó la del ojo derecho para quedar iguales. ¡Era mentira! El resto de la actuación tuvo los ojos asimétricos.

  D.        Nelly Melba (1861/1931) era capaz de interrumpir, en pleno agudo, a otra cantante. En una ocasión, hizo salir corriendo de escena a una compañera. La ópera se tuvo que cancelar. La señora Melba se ofreció, gentilmente, a dar un recital ella solita. 

Nelly Melva
   E.        A Enrico Caruso (1873/1921) no le gustaba Nelly Melva. En una representación de “La Bohème”, justo cuando canta, “Che gelida manina”, el tenor agarró una patata caliente de entre bastidores y la colocó en su mano. Otra versión, habla de una salchicha. Después de todo, es una costurera hambrienta y en pleno invierno. Ese regalo podía resultar grato para calentarse y después comérsela. 

Por ser muy curioso, vamos a relacionar ahora, aspectos en los que solían intervenir las famosas, con plenos derechos: 

·         Usar sus propio vestuario en las representaciones
·         Determinar asuntos relativos a la producción y dirección
·         Imponer la contratación de sus colegas o amantes
·         Dar instrucciones al director musical, para conseguir un mayor lucimiento de la propia diva
·         Libertad de acción para todo lo que se antojara
·         Derecho a influir en los ensayos
·         Estar presente en el teatro sólo un día, antes de la representación
·         Adelina Patti, por ejemplo, incluía en su contrato, una cláusula que la eximía de ensayar

Giuditta Pasta
en el Tancredi
Asuntos como, coger berrinches, enfados,  caprichos, furias, envidias de sus rivales, desengaños de amor, etc., estaban a la orden del día. Todavía era costumbre, a principios del siglo, el adjudicar, en las óperas, papeles de hombre a mezzosopranos. Pero algunas cantantes, eligieron roles no escritos expresamente para ellas, sino para varones, sólo porque les gustaban. Ejemplo singular de este tipo fue, el “Otello” de Rossini, cantado por Giuditta Pasta.

Ir al teatro, en esa época, significaba muchas cosas. Era un evento colectivo y, por supuesto, se iba a ver la función. Pero además servía para: 

1.   Hacer vida social
2.   Crearse nuevas amistades
3.   Entretenerse
4.   Citas amorosas
5.   Hacer cenas, antes, durante y después de la función
6.   Practicar los juegos de azar
7.   Charlar
8.   Pequeñas y grandes conspiraciones
9.   Politiqueos
10.   Hasta para proyectar nuevos matrimonios
11.   Y más cosas

Téngase en cuenta que, al no existir otros espectáculos de masas como, el futbol o la televisión, la gente tenía que reunirse en algún sitio. Pero lo que quiero quede claro, es que no se iba allí solo por figurar, que también. En toda Europa había una afición extraordinaria hacia la ópera. La prueba más evidente sería: 

o   La cantidad de Teatros dedicados al género
o   Las numerosísimas óperas escritas para ser consumidas por gentes deseosas de escucharlas
Teatro alla Scala di Milano
o   La gran cantidad de compositores dedicados a este oficio
o   La proliferación de interpretes
o   El negocio generado en su entorno. Si no hubiera habido posibilidades en ello para ganar dinero, no habrían aparecido tantos empresarios. Cuando existieron, es porque les era rentable.

Una Dama Elegante
En nuestros días, no hay necesidad de ir elegantemente vestidos a la ópera. Basta con un discreto atuendo. Han desaparecido aquellas mujeres u hombres, que sólo iban a exhibirse. Pero reconozco que, aún todavía, mucha gente piensa que es un espectáculo donde, cada uno, va a ser visto por los demás. En base a eso argumentan que se trata de una representación elitista. Creo, sinceramente, que son opiniones trasnochadas, heredadas de otros tiempos. Hoy, lo mismo que ayer, existe, no podía ser menos, una gran masa de aficionados. Los que no se encuadren en esa categoría, serán los que tengan que justificar su asistencia a la función.

Una bonita araña teatral
Inicialmente, no se apagaban las luces de los teatros cuando comenzaba la obra. Hoy, esto nos parece elemental. Uno de los introductores de esa medida, fue Wagner. La revista del Teatro Real de Madrid, de 1900, se quejaba del apagón: [...] Hace pocos días algunos abonados protestaban contra la oscuridad que se imponía en la sala durante la representación. Puesto que las señoras se visten como en pocas otras capitales, para acudir a las funciones del Real, es natural que les guste lucir sus galas, siendo un atractivo más, la nota de elegancia que emana de ellas. Pocos teatros extranjeros ofrecen un conjunto tan homogéneo como nuestro teatro de arte lírico; así que parece muy natural que los elementos de elegancia femenina, que contribuyen al lucimiento del teatro, tengan derecho a que los atiendan. [...]

Ya veis cómo funcionaban las cosas. Ahora, una anécdota sentimental sobre ese mismo tema. Una mujer mayor vendía flores en Venecia, a la puerta de la ópera. Al ofrecérselas a un señor, elegantemente vestido, aprovechó para decirle: ¡A mí también me gusta la ópera! La escucho por la radio, pero no he estado nunca en La Fenice. ¿Cómo nunca?, preguntó el caballero. “Mi señor, no tengo vestidos”. El hombre trató de explicarle que no es obligatorio, llevar puesta una tiara de oro para ir a ver la función. Ella movió la cabeza tristemente: “Ahora es demasiado tarde”.

Cecilia Bartoli y Juan Diego Florez
Nos falta por hablar de otro tipo de rivalidades que están fuera de los escenarios: las de los aficionados. Los partidarios de uno u otro cantante, se enfrentan entre sí. No es pequeño el follón que puede armarse con eso. Suele ser lo más discutido de toda la temática operística. Al fin y a la postre, convenzámonos, interviene el gusto personal y sobre ello es muy difícil discutir. Por último queda el tema de los adictos a uno u otro autor. Esto no tiene, en general, la menor importancia salvo en el caso de que los compositores, sean Giuseppe Verdi y Richard Wagner.

Verdi Vs. Wagner
Ya desde el siglo XIX los devotos de uno y otro músico, protagonizaron ríos de tinta en publicaciones y discusiones que, en más de una ocasión, les hicieron llegar a las manos. En la actualidad yo creo que sigue latente este sentimiento que no acabo de comprender porque la devoción por uno no excluye sentir atractivo a las obras del otro.