Bellini

EL BELLO SICILIANO- Introducción (I)

INTRODUCCIÓN
Al músico italiano Vincenzo Bellini, le cuadra el adjetivo usado en el título. Según puede comprobarse por los retratos, poseía una gran belleza, aunque triste y algo femenina. Esta melancolía la reflejó en su música. Seguramente, su forma natural de ser, tuvo que ver en ello. Pero no hay que olvidar que también contribuyeron, las contrariedades amorosas que padeció y la predicción fatalista que tenía, de no vivir mucho. No hace falta razonar un porqué para incluir en la Red, una serie de escritos que pienso hacer sobre el tema. Más, aun así, diré que en el blog, hemos hablado ya de tres grandes italianos (Rossini, Verdi y Puccini). Por tanto, nos faltaban Bellini y Donizetti.

Norma, la sacerdotisa
He decidido que hoy nos concentremos en el primero. Así que, dejamos al bergamasco para mejor ocasión. Por no hacer tan largos los textos, iré publicándolos individualmente para cada apartado. Empiezo consignando que,  como ocurrió con Rossini, durante más de cien años Bellini desapareció del panorama operístico, cuando dejó de estar de moda el canto florido. Pero siempre sucedió algo que volvía a ponerlo de actualidad. Es el caso de las afamadas cantantes, Rosa Ponselle y María Callas, cuando consiguieron volver a incluir en el repertorio tradicional de los teatros, sus óperas más conocidas: Norma, La Sonnambula e I Puritani. Con una nueva puesta en escena de tendencia lineal y alejada del gusto suntuoso y solemne, las melodías de Bellini toman vida para traernos el recuerdo de un gran artista.
DATOS BÁSICOS

Vincenzo Bellini, fue el último representante del bel canto y su figura más importante. Destacó en la unidad musical de Italia. La italianidad de sus melodías, se manifiesta, desde el primer momento, en la forma. Nació en Catania-Sicilia (1801) y murió en Puteaux (1835), un arrabal de Paris. Durante su época de Conservatorio, se dedicó a estudiar a Haydn y Mozart, prefiriendo en la ópera a Pergolesi y Paisiello. Después de salir del centro, escribió óperas porque este género era el más adecuado a los muchachos con talento. Muy meticuloso en su trabajo, se limitó  a crear una obra por año, cuando los demás, por término medio, escribían tres o cuatro.
Las tres Giuditta (Judith)
Federico Chopin
El propio músico decía: “Con mi estilo, tengo que escupir sangre para componer”. La gente, lo comparó con su coetáneo Chopin, etiquetando a ambos como “elegíacos”. Realmente, tanto uno como otro, sabían ser rotundos en sus melodías, cuando lo necesitaban. La naturaleza del músico, no pudo resistir tanto esfuerzo en el trabajo, y en la búsqueda de placer con las mujeres. Enfermó gravemente en 1830. Gracias a los cuidados de un matrimonio amigo, pudo superar la severa crisis.
Este acceso se repitió con más virulencia, cinco años más tarde, provocándole la muerte. En su vida amorosa, destaca su idilio con Giuditta Turina. Mujer casada, torturante y torturada, fue su principal amante, de la que tuvo que soportar sus celos. Al mismo tiempo, se entendía con otras dos Giuditta (Grisi y Pasta). Las tres compartían, por tanto,  el amor de Bellini.

ANECDOTARIO
Cuando se puede, tengo la costumbre de incluir alguna anécdota o chascarrillo, protagonizada  por el personaje que estamos comentando. Se trata de arrancar una sonrisa del lector y, de paso, conocer un poquito más la vida y carácter de la persona que recordamos.

Recogeremos a continuación, algunas anécdotas del compositor Vincenzo Bellini, tomadas de diferentes fuentes. No hay mucho. Estos chascarrillos referidos a él, los he conseguido después de buscar intensamente. Casi seguro que el aspecto doliente y concentrado del catanés, influyó y no dio facilidades a este tipo de cosas.

1.- Los Carbonarios
Los Carbonarios contra losAustriacos
En su estancia en el Conservatorio de Nápoles, Bellini y Florimo (su amigo más íntimo), tuvieron ocasión de tratar con los Carbonarios. Era una sociedad secreta, al estilo de los masones, muy activa en la revolución de 1820. Los dos compañeros de estudios, se hicieron miembros de la logia. La revolución,  fracasó con la derrota de los críticos y manteniendo nuevamente en el trono del Reino de las Dos Sicilias (Nápoles y Sicilia), a Fernando I.

Francesco Florimo
El director administrativo del Conservatorio, que era sacerdote, llamó a Bellini y Florimo. Les indicó que sabían de su participación en la revuelta. Si no querían ir a la cárcel, debían, primero confesarse, y luego gritar en el Teatro San Carlo, en día de función: “Viva nuestro rey Fernando, ungido por Dios y por el derecho”. No tuvieron más remedio que pasar por el trance.

Conde Carlo Pepoli
2.- Ignorancia geográfica
El principal colaborador de Bellini, en casi todas sus óperas, fue el más afamado libretista de la época, Felice Romani (1788/1865). La última obra que hicieron juntos fue Beatrice di Tenda (1833). Por desavenencias surgidas entre los dos, la siguiente, I Puritani, de 1835, la escribió un autor aficionado, el Conde Carlo Pepoli.

Castillo cerca de Plymouth
Buen narrador, logró algunos versos de notable calidad. Pero las nociones de geografía del Conde, debían de ser escasas. El argumento sucede en Escocia. La acción se inicia en el castillo de Plymouth. Esta fortaleza está situada al sur de Inglaterra. Lejos, por tanto, del Reino Escocés. El propio Bellini, tampoco conocía la ubicación del famoso baluarte. No pudo, por tanto, corregir el error del aristócrata.

3.- Por bigotes
Felice Romani
En 1829, Bellini y Romani, recibieron un encargo de los archiduques, María Luisa de Habsburgo y su morganático marido Charles de Bombelles. Se trataba de escribir una nueva ópera para inaugurar el Teatro Regio di Parma. Ella había sido la segunda esposa de Napoleón. Gobernaba su mínimo estado con mano de hierro, pero envuelta en terciopelo. Imponía en su pequeño territorio, una serie de leyes y normas muy estrictas.

Entre estas normas, había una que  establecía la prohibición, entre todos los hombres, de llevar barba y bigotes.  Cualquier extranjero que llegara al territorio, podía permanecer en él, sin afeitarse, solo tres días. Después, tenía obligatoriamente que rasurarse pues se creía que la barba o el bigote, estaban indisolublemente unidos a potenciales revolucionarios.

Maria Luisa de Austria
Llegaron a Parma, Bellini, perfectamente rapado y Romani, portando sus característicos bigotes. En la frontera, le dijeron al libretista que necesariamente debía afeitarse los poblados mostachos que lucía, ya que su estancia allí iba a ser prolongada. Romani no estaba dispuesto a hacerlo, pero fue Bellini quien tomó la palabra: “Hemos venido aquí a trabajar por encargo de S. A. la Duquesa, para escribir la ópera con la que se inaugurará el nuevo Teatro Regio. Pero si insisten en obligar a mi amigo a rasurarse el bigote, nos iremos los dos, y no habrá ni ópera ni inauguración”.
El conflicto parecía insoluble. La noticia de lo que ocurría, llegó pronto al palacio archiducal. No tardó en materializarse un permiso especial que consintió a Felice Romani, conservar los cuidados signos de su personalidad, todo el tiempo necesario. La ópera que prepararon (Zaira), estrenada en mayo de 1829, fue un estrepitoso fracaso.

4.- Mala pronunciación
Bellini nunca aprendió el francés con la fluidez necesaria para tomar parte en las habituales tertulias de los salones. Hay varias anécdotas que testimonian sus confusiones lingüísticas.

Caricatura Bellini
4.1- En una ocasión, trató de pedir en una tienda, un sombrero de fieltro (chapeau de feutre) y, en lugar de ello, pidió un “sombrero de joder” (chapeau de foutre).
4.2- En otra ocasión, Bellini intentaba decir ¡Esto es mentira! (bugia en italiano), pero en francés lo que dijo fue “esto es una candela” (bougie).

El músico alemán Ferdinand Hiller, elogiaba estas situaciones: “Las expresiones confusas adquieren encanto a través de su contenido y su sintaxis, que se echa en falta a menudo entre los expertos”. Sin embargo, Madame Jaubert, esposa de un alto funcionario del gobierno, decía que “su forma de hablar y sus maneras, eran infantiles”. Todo porque no podía mantener, en lengua francesa, una conversación entre adultos.
Vincenzo Bellini
5.- Las Mujeres
Vincenzo Bellini debía de tener un ardor pasional por las féminas. Eran muchas las que, según los relatos, quedaban atrapadas en sus redes. Pero, a primera vista, la delicadeza de su rostro, no dejaba adivinarlo. Tuvo que ver con varios lances amorosos documentados (prescindimos de los no verificados). Se localizan entre Nápoles, Milán y Génova.

5.1 Primer Amor
De su estancia en Nápoles, es famoso el hecho de querer casarse con una muchacha napolitana, hija de un juez. Se llamaba Maddalena Fumaroli. Nos cuenta los datos su amigo Florimo. Bellini conoció a la muchacha en casa del padre; ofreció darle clases de canto: se enamoraron; sus padres interrumpieron las clases cuando se enteraron; y se rogó al compositor que no volviera más por allí.

Pero los jóvenes, mantuvieron correspondencia clandestina. Después del éxito de sus óperas de estudiante, Bellini le propuso boda. Pero fue rechazado. Él abandonó Nápoles y perdió todo interés por Maddalena. Sin embargo, ella, por algún tiempo lo mantuvo. Termina con el dramático desenlace de la muerte de la muchacha, que puede ser falso.

5.2 Por Triplicado
Giuditta Turina
Hablando en general, todos tenemos nuestras manías y peculiaridades. También el músico, que estaba, al parecer, atraído hacia las hembras llamadas Giuditta (Judith en español). Sus tres amantes, se llamaban así. La primera (Giuditta Cantù Turina), fue la que mantuvo con él, la relación más duradera.

Resultó larga, apasionada e inspiradora pero también atormentada. Era una mujer casada y de muy buena familia. Además de esta infidelidad matrimonial, no le quedó más remedio  que compartir a Bellini con otras dos mujeres, ambas cantantes y también llamadas Judith: Giuditta Pasta y Giuditta Grisi.

6.- El Espectro
Florimo nos habla de un tal señor Cicconetti, quien aseguraba que Bellini, veía a un espectro espantoso, siempre que se sentaba a tocar el piano: “A menudo Bellini, con fantasía meridional, solía repetir que, cada vez que se ponía al cémbalo y se dejaba llevar por su inspiración, veía aparecer un enorme espectro, de rostro amarillo, con dos grandes ojos que se le clavaban,

mirándolo con amarga sonrisa, helándole el corazón, cortándole la inspiración y haciéndole temblar los dedos sobre el teclado. Aquel espectro, parecía decirle: ‘Vete, que a mí no me importa nada que con tus patéticas cantinelas, con tus acentos pasionales, consigas conmover a los espectadores y excitarlos al entusiasmo”.

7.- Bellinómano
Giuditta Pasta
Cuando Bellini volvió a Sicilia en 1832, después de estar ausente durante casi diez años, se hizo amigo en Palermo, de un grupo de personas de su edad, que disfrutaban de su juventud, divirtiéndose. Un buen día, se acercaron a una iglesia en la que el organista, estaba cumpliendo con su trabajo.

Bellini le exigió que le dejaran tocar su propia música. El hombre después de organizarles una gran bronca, optó, muy indignado, por marcharse. Antes de que llegara a la puerta de la iglesia, el catanés se sentó al órgano y tocó “Casta Diva”. ¡Estupefacción! ¡Revelación! ¡Entusiasmo absoluto! Se daba la circunstancia de que el organista, era un verdadero tifoso del compositor.

Continuando con el, a mi modo de ver, interesante Tema de Bellini- como compositor y ser humano- hoy subo la tercera entrega. Las otros dos (Introducción y Datos Básicos (I)Anecdotario (II)), están ya incluidas en mi blog, pues fueron publicadas en Octubre del año pasado. Va a ser un asunto que se prolongará en el tiempo. Espero y deseo. no obstante, que os guste y le sigais la pista con facilidad, al estar todas las partes incluidas en un Concepto único (EL BELLO SICILIANO).

INFANCIA Y JUVENTUD
Vista General de Catania
Según reza la leyenda popular, la madre de Bellini, en el momento de dar a luz, “oyó música celestial y todas las campanas de Catania, se pusieron milagrosamente a sonar a la vez”. Los testimonios de aquella época, no dicen nada especial acerca de su nacimiento, el 3 de noviembre de 1801, ni de su bautismo al día siguiente. Pero la vox populi sigue apuntando que “Vincenzo, con un día de edad, se conmovió mucho al oír a su abuelo, tocando el órgano”. Sobre sus progresos como bebé, la tradición asegura que “era capaz a los dieciocho meses, de cantar- con gracia- un aria de ópera bufa”. Y que “a los tres años, marcaba el compás a una orquesta completa, siguiendo la partitura con eficacia”.
Las tres capitales importantes de
Sicilia (Palermo, Messina y Catania)
El territorio donde nació el músico, estuvo dominado por españoles más de cuatro siglos. Después se impusieron: la región italiana del Piamonte, los austríacos, la monarquía napolitana y, con la invasión de Napoleón, los franceses. Su economía, agrícola, dependía de las exportaciones de trigo y azufre. Tres eran las ciudades principales sicilianas: Palermo, Messina y Catania. Con sus lentas comunicaciones, la isla no tenía, pues, un único punto de atracción. Palermo, la capital, era el centro de la alta nobleza servida por unos gremios artesanales obedientes y sostenidos por vastos cultivos de trigo. Catania era una ciudad modesta de unos 45000 habitantes, con viñedos y olivares en tierra fértil y mirando siempre al mar, por eso cuidaban tanto su puerto.
Mapa de Catania y su encuadre
en la isla de Sicilia
El inicio de la carrera de Bellini, fue el típico de alguien con antecedentes familiares: tanto el padre como el abuelo, pertenecían al gremio. Éste último, Vincenzo Tobbia Bellini, había llegado a Catania, de una región italiana: los Abruzzi. Después de graduarse en el Conservatorio de Nápoles, consiguió una plaza como compositor-organista de un gran noble, el príncipe de Biscari. Se casó con una viuda siciliana y logró situarse mejor que Rosario Bellini, su hijo- y padre de Vincenzo-. Este progenitor se reveló como un artista mediocre y se desposó con Ágata Ferlito, hija de funcionarios de poco rango. Bellini tuvo tres hermanos y otras tantas hermanas más. El niño se fue a vivir con su abuelo, en parte por realizar más relajado el aprendizaje musical, pero también por el poco espacio que había en la casa familiar. Cuando Bellini salió de su hogar y tuvo que darles noticias escritas, siempre lo hizo a su tío Vincenzo Ferlito, debido a  la poca preparación para la correspondencia de sus padres. Incluso una de sus hermanas, está probado que era completamente analfabeta.

Placa en la Casa Natal
Acerca de la educación general de Bellini, se sabe muy poco. Parece que trabajó en su casa con profesores particulares, sobre todo sacerdotes. Como siempre, la imaginación popular, magnifica el hecho diciendo que: “realizó estudios de griego, inglés y filosofía”. A pesar de su formación artesanal, Bellini adquirió virtudes sociales, que lo elevaron por encima del grado de mero artesano. Tenía el sistema de “acercarse a la mejor sociedad, donde fuera que viviera, Nápoles, Milán, Paris, y de establecerse entre ellos”. Esto significaba relacionarse de igual a igual con los aristócratas. De este modo, consiguió que, por influencia del Duque gobernador de la provincia, se le concediera una beca a cargo de la corporación municipal. Fue una de las últimas cosas que hizo en Catania, pues, con ese dinero, se fue a estudiar música a Nápoles.

Ayuntamiento de Catania
En 1819, Bellini comenzó a recibir lecciones en el Real Colegio di Musica di San Sebastiano que dirigía uno de los más famosos profesores de la época, Niccolò Zingarelli. Para un músico de Catania, de dieciocho años, estudiar en ese lugar, era a lo que más podía aspirar. El Teatro San Carlo, por aquel entonces, resultaba ser el mejor de toda Italia (incluyendo La Scala), gracias a un subsidio real, que no tenía equivalente en la península. Estaba basado en las ganancias por el juego. Bellini había llevado consigo un cuaderno de sus primeras composiciones, la mayor parte, escritas ex profeso para mostrarlas a los responsables de la institución. Entre los profesores que tuvo Bellini, figuran el septuagenario, Giovanni Furno, Giacomo Tritto, con ochenta y seis y Zingarelli, con más de setenta años.  

Conservatorio de Nápoles
Entre los compañeros-estudiantes, estaban Mercadante y Francesco Florimo, con quien, años después, mantuvo abundante correspondencia. El joven, fue ubicado en la clase de principiantes. Pero un año y medio después, Zingarelli reconoció las aptitudes del muchacho. En 1824, le nombró Primo Maestrino (un profesor que enseñaba a los principiantes), lo que le permitió acceder a habitación propia (era todo un privilegio). Bellini continuó progresando en su formación musical y publicó sus primeras composiciones; eran obras religiosas y canciones; a los veinte años, escribió una sinfonía y la Cantata Ismene. Sus músicos preferidos, a cuyo estudio se dedicó, fueron Haydn y Mozart. En el campo de la ópera, admiró a Rossini, pero prefería la obra de Pergolesi.