miércoles, 11 de mayo de 2011

¡MALA SUERTE!

De entre los títulos que conforman el repertorio lírico habitual de los teatros, hay dos obras, de las que conozco, que transmiten a los cantantes, un cierto temor, no solo al interpretarlas, sino, incluso, al nombrarlas simplemente.

Dicen que tienen “gafismo”, “mal fario”, o cualquier otra palabra que quiera escogerse, para indicar que no emiten influencias positivas. Estamos hablando de dos títulos italianos, uno,“La forza del destino (La fuerza del destino)”, del compositor de Busetto, Giuseppe Verdi. El otro es “Tosca”, del músico de Lucca, Giacomo Puccini.

Las dos óperas van juntas en esta cualidad, pero la causa se debe a diferentes motivos. Muy triste suceso fue el que involucró a “La forza”, en este ranking. El famoso barítono norteamericano, Leonard Warren (1911/1960), nacido en Nueva York y uno de los componentes más cualificados de la compañía del Metropolitan Opera House, de su ciudad natal, tuvo una muerte repentina en el escenario, por infarto agudo al corazón, el 4 de marzo de 1960, mientras cantaba,   precisamente, “La forza del destino”.

Estaban presentes en el teatro, viendo la representación, su esposa Agathe y un sacerdote, Monseñor Edwin Broderick de la Saint Patrick Cathedral, amigo del matrimonio. Ambos corrieron al escenario y el sacerdote le dio la extremaunción.

Leonard Warren en Rigoletto
Warren, que interpretaba a don “Carlos de Vargas”, murió en el Acto II, después de cantar su aria "Urna fatale del mio destino (Urna fatal de mi destino)", con éxito y muchos aplausos, Es una de las más conocidas de la partitura. Poco después, empezó a tambalearse y cayó en el suelo del escenario. En principio, lo tomaron por un patinazo en el que se podía haber golpeado con algo.

Fue tan repentino el ataque, que de sus compañeros y de la gente que estaba en el palco escénico, nadie sabía que hacer. Roald Reitan que hacía de cirujano, llegó a cantar "Egli è salvo! (Él está salvado) ". Tenía que contestarle Warren, pero no pudo. Reitan levantó su cabeza y sintió que, en un hilo de voz, pedía que le ayudaran. Alguien gritó para que bajaran el telón. Se le practicaron los primeros auxilios pero no hubo nada que hacer. Falleció pocos minutos después. Y con su teatral muerte, marcó a la ópera para siempre. Desde entonces, los cantantes tienen una cierta aprensión con ella. ¡Es absolutamente comprensible!

Dessi y Armiliato en Tosca
Sobre la “Tosca”, pululan por todas partes anécdotas, que ponen a esta ópera, muy por encima de las demás, a la hora de producir desastres. Afortunadamente, ninguno de ellos ha llegado a lo expuesto con Warren. Son relatos reales e imaginarios, que de todo habrá. Yo, desconozco la razón que motiva tanto sucedido. Pero aseguro que es la ópera número uno en causar calamidades.

Para demostrarlo, veamos esta anécdota sucedida al tenor genovés, Fabio Armiliato. Da toda la sensación de estar muy bien documentada. Ocurrió a finales de julio de 1993, sobre el escenario del Sferisterio de Macerata, en Italia,  en la  región de Le Marche, a orillas del mar Adriático y delante de 2500 personas que veían tranquilamente la representación.

Fabio Armiliato
Era la escena crítica del fusilamiento del protagonista, el pintor Mario Cavaradossi, encarnado por Armiliato y con una Floria Tosca de la soprano Raina Kabaisvanska. Justo en el momento en que se produjo el disparo de los fusiles, se oye la voz del ejecutado gritando: “¡Socorro! ¡Ayuda! ¡Me han disparado de veras!”; y a continuación, cayó al suelo, sujetándose el pié izquierdo, pues lo tenía herido.

Parece que el desastre, el enésimo en una “Tosca”, fue debido al hecho de perderse el tapón que cerraba el cañón de uno de los fusiles de atrezzo. A causa del incidente, que le costó una pequeña intervención de cirugía plástica, Armiliato tuvo amplio espacio en los periódicos, que recordaron también otra herida anterior a causa de un sablazo, recibido en una “Carmen”.

Es lo que le deseo al blog
Pero el tenor genovés, ex alumno de Franco Corelli, pocos días después, el 4 de agosto, volvió a escena con una muleta para sujetar el pié izquierdo. El apoyo se le rompió y él cayó nuevamente al suelo, fracturándose tibia y peroné de la pierna derecha, que era la que tenía sana. Esto si puede decirse que es el colmo de la mala suerte.

* Anécdota de “Tosca” basada en el libro “Disastri all’opera” de Hugo Vickers.